(Versión reducida el 26 de noviembre de 2024)
LA VERDAD es doble. Esta es la tesis que, para su defensa o refutación, se impone como núcleo dialéctico de un medievo en provechoso desarme. Lejos de hallarse constreñido al saber divino, supo el medievo reconocer el papel del humano escrutinio para dar cuenta de regularidades de hecho como fundamento del avance de las ‘ciencias’. Este valor experimental del saber frente a la tendencia especulativa halla claro reflejo en la literatura castellana bajomedieval. Denuncia la vacuidad del talante argumentador (la babequia del charlatán) López de Ayala en los curiosos versos en que sienta juntos a comer, en real convite de los fechos de palaçio, precisamente a curas y médicos (LRP, c. 482):
Físicos, capellanes a la su mesa son:
allí fazen sermones, disputan su quistión;
cada uno lo que sabe pone en inquisiçión;maguer faze argumentos ál tiene en coraçón.
Entre físicos y capellanes, la experiencia que ayudará a distinguir a los enfermos provendrá, no debe sorprender, en seguida lo veremos, del clero. Tomemos al de Berceo y su ejemplo de los malmenados cónyuges Proseria y Nepociano en la Vida de San Millán de la Cogolla (coplas 171 y 172):
de fuertes dos demonios era mal embargada;
era con buen marido a bendición casada,
mas avié el bon omne tacha fuert enconada.
avié doble demonio, por ent non era sano;
al uno e al otro prendiénlos cutïano,
vivién en grand lazerio ivierno e verano.
Un sustrato natural porfiaba en la sorprendente similitud con que algunos demonios se presentaban. Copla 173:
semejavan ermanos, fazién unas senneras;
prendién en una guisa, tenién oras vezeras,
todas sues captenencias parecién companneras.
Llamaba sin duda la atención, probablemente por la contumacia de su natural captenencia, esta afinidad, esta manera una, la misma (en una guisa) de aquellos demonios ermanos o, a lo menos, companneros. Tomaron buena nota frailes y sacerdotes: de cómo esa regularidad, esa ‘guisa una’, llamaba insistente, aunque fuese por boca de ángeles caídos.
El reconocimiento de un penar más propio de la constancia natural que del arbitrio divino o del caprichoso maleficio resultaba harto más fácil a la clerecía (y con probabilidad a las alcahuetas, erveras y parteras de LBA, c. 440) que a unos medecinistas y çirugianos renuentes a aceptar la existencia de todo aquello que no recogieran sus tratados. El sentido humoral galénico que entonces los dominaba —olvidada la hipocrática τέχνη— les hacía entender la ‘física’ como estricta ciencia de «philosophos, graduados en medicina» (Pedro de Mercado, Diálogos de Philosophia natural y moral). Físicos de la physis, claro. El saber empírico podía así para ellos corroborar, mas no fundar, conocimiento, tal como defiende el personaje del médico Ioanicio en el quinto diálogo: «No es tanta la differencia de el Medico experimentado al no experimentado. Porque los fundamentos phisicos son vnos mismos, y escriptos a todos por vn tenor por los antiguos». Por el contrario, el carácter práctico del saber lo recoge y defiende bien a las claras el mester de clerecía. El canciller Ayala se muestra en principio ponderado, imparcial entre el ejemplo dicho y hecho (LRP, copla 712), si bien ejemplo al cabo:
e de fecho muy muchos por los mis ojos vi,
e por ende contar los toue e comedí
que era bien por que s' guarde qualquïer desde aquí.
Pronto se desahoga en apretada cuaderna contra la palabrería (copla 848):
sin ningunt efecto e sin conclusión,
con grandes espensas e alegaçiones
e de cada día un nuevo sermón.
Viene de lamentar en la copla precedente cómo los «sofismas de omnes sotiles / fizieron grant daño», y constata con pesadumbre cómo «con argumentos muy flacos e viles / la verdat pura se rronpe e desquiçia» (LRP, c. 847). Cuando en otro lugar siente necesidad de justificarse apela, en consonancia, a su experiencia: «puedo fablar en esto, ca en ello toue que ver» (LRP, c. 354). La misma vocación empírica declara el arcipreste (LBA, c. 151):
Nin sé el astralabio más que buey de cabestro;
Mas porque cada día veo pasar aquesto
Por aqueso lo digo …
Pero la exposición más completa de este empirismo de clerecía la ofrece, hacia el término del fragmento Del governamiento de la república, el canciller Ayala en cinco coplas (LRP, cc. 291-295) que, por sentar con tanta perspicuidad la tesis, transcribimos a continuación enteras :
non puede en el consejo ser mucho avisado,
e serié grant perigro e grant yerro prouado
si el tal al consejo ouiese a ser llamado.
si los que las bien saben las touiesen en cura»;
ca nunca bien disputan en la Santa Escriptura
ferrero, carpintero, alfayate de costura.
cada uno en su arte e en su menester,
ca non puede un filósofo, con todo su saber,
gouerrnar una nao nin mástel le poner.
si quisieres çamarra, busca los pellejeros;
ofiçios son partidos caminos e senderos:
por unos van a Burgos, por otros a Zebreros.
non digo por ninguno en aquesto acusar
mas por aperçebir, e por bien avisar
al que ha por consejos sus fechos gouernar.
Abundan en ello Berceo y el arcipreste. El primero en su Vida de Santo Domingo de Silos, copla 74:
Non lo sabrien deçir los que leen sermones,
Si non los que sofrieron tales tribulaçiones,
Et pasaron por ellas con firmes coraçones.
Tras las jocosísimas coplas 616 a 620 del Libro de Buen Amor sobre ‘maestría e arte’, compendia el arcipreste en la 622 y más tarde en la 674:
El mester é el ofiçio, el saber nin la cïençia,
nin pueden dar a la dueña el amor e la querençia,
todo esto da el trabajo, el uso é la femençia.
(...)
El arte é el uso muestra todo el saber;
Sin el uso é arte, ya se va pereçer:
Do se usan los omes, puédense conoçer.
El adagio de 674B era bien conocido: usus et ars —dice Pánfilo— enseñan todo lo que el hombre sabe. Con claridad supedita en otro célebre pasaje el arcipreste la verdad de la auctoritas a la comprobación fáctica, 'ca por obra se prueba' (c. 72- v. 73A):
dízelo grand filósofo, non só yo de rebtar;
de lo que dize el sabio non devedes dubdar,
ca por obra se prueba el sabio e su fablar.
…
Pero sin duda el más entrañable representante del saber cotidiano lo hallamos en el ‘clérigo simple’ del noveno de los Milagros de Nuestra Señora de Berceo:
dicié cutiano missa de la sancta María;
non sabié decir otra, diciéla cada día,
más la sabié por uso qe por sabiduría.
También en el siglo XV el Arcipreste de Talavera insiste en el valor de lo que de «vees de cada día esperiencia, que de los fechos madre, avisadora e maestra es» (Castalia, 1981, p. 72), y de todo aquello que «experiencia de cada uno lo demuestra» (p. 90), pues «aunque mucho leer aprovecha e mucho entender ayuda, pero mucha prática e espirencia de todo es maestra» (p. 119). 🔷